Érase una vez la Agricultura

¿Qué tal, amantes de lo sano? Hoy no venimos a romper mitos ni dar malas noticias, no os preocupéis. Esta vez, cual abuelos cebolleta, os contaremos cómo la agricultura ha evolucionado a lo largo de la Historia para llegar al auge de los cultivos ecológicos que podemos observar últimamente, centrándonos, cómo no, en la fruta ecológica

Unos 9.500 años antes de Cristo. Período Neolítico. Creciente fértil –una zona comprendida entre los actuales Egipto e Irak–. Cansadas del estilo de vida nómada basado en la caza, pesca y recolección, algunas tribus de humanos deciden empezar a domesticar animales y plantas salvajes, iniciando así la “Revolución del Neolítico” que llevará a la especie humana a la sedentarización. Entre los primeros cultivos, ecológicos por supuesto, destacan el trigo y la cebada. Estos sí eran hípsters de la agricultura ecológica, ¿eh?

Cambios en la agricultura

Vale, nos hemos ido un poco lejos. Fast forward hasta la Europa de finales del siglo XIX. La agricultura en este período se caracteriza por ser esencialmente ecológica, manual, basada en la tracción animal y con cultivos basados en latifundios, propiedades de grandes terratenientes de la época. Técnicamente no parece que haya evolucionado una barbaridad desde el Neolítico. Además, la importación sin aranceles de grano procedente del continente americano provoca fuertes y frecuentes crisis en el sector. Vamos, que por muy ecológicos que fueran, los agricultores de aquella época estaban deseando un cambio.

Y dicho cambio llegó con el siglo XX, ya que la agricultura se desarrolló más a partir de entonces que durante toda su historia anterior. Primero, la llegada del motor de combustión interna permitió a los agricultores cambiar los caballos o bueyes por el tractor, acortando los tiempos de labrado y siembra. Asimismo, el proceso de Haber-Bosch facilitó la creación de fertilizante químico barato y en grandes cantidades, reemplazando las técnicas clásicas de regeneración de los suelos. Finalmente, la introducción de nuevos cultivos – como la soja – y la generación de nuevas variedades híbridas mediante manipulación genética permitió intensificar y homogeneizar los cultivos. En fin, que se pasó de producir con mucho esfuerzo pocas cantidades de productos ecológicos a generar cultivos intensivos sin mucho esfuerzo.

Verdura y fruta ecológica

Pero, ¿a qué precio? Si nos habéis seguido un poco, sabéis que tenemos la mala costumbre de ser un poco agoreros y, en este sentido, ya nos hemos expresado en lo que respecta al abuso de la agricultura intensiva. Sin embargo, no todo es caos y destrucción. Y es que en esta última década hemos visto que el consumidor tiene cada vez más ganas de saber cómo y dónde se producen las frutas y verduras que consume. Esto ha propiciado que un número cada vez mayor de agricultores cambie su método productivo.

Sin entrar en detalles, el sector agrícola ha visto emerger estos últimos años numerosos cultivos ecológicos, pero también otros tipos de producción como puede ser el residuo 0. Tanto el agricultor ecológico como el de residuo 0 optan por técnicas más razonadas y que permiten restablecer el ecosistema que encontrábamos en los campos de antaño, como la introducción de fauna auxiliar para ayudar a eliminar plagas y limitar el uso de pesticidas o el uso de coberturas vegetales que crean simbiosis con los cultivos y regeneran los suelos. 

En conclusión, nos gustaría destacar que esta última transformación del mundo agrícola ha sido posible gracias a un cambio en las tendencias del consumo, muy enfocadas en la demanda de verdura y fruta ecológica. Las revoluciones del consumo suelen tener repercusiones sobre toda la cadena de valor, así que si, como nosotros, piensas que nuestro planeta se merece un descanso, ya sabes lo que tienes que hacer.

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